martes, 22 de septiembre de 2015

El País del sálvese quien pueda

Hace unos días aprendí una valiosa lección a partir de un consejo de un amigo con mucho más recorrido que yo.

Tener mentalidad de cambio educativo y social no significa intentar cambiar las condiciones ni el contexto de las demás personas, sobre todo cuándo son ellas las que se sienten cómodas en una situación deplorable y por lo tanto son las más perjudicadas. Ser revolucionario no significa cambiar las cosas para los demás, significa acompañar y apoyar a las personas en su lucha por algo justo.

Este país lastimosamente es habitado en su mayoría por personas con muy poca identidad propia y por lo tanto poco analíticas y con criterio débil, fácilmente influenciables y sobre todo dormidos analíticamente.

La palabra cambio ha sido sobre-utilizada en los últimos años por las principales fuerzas políticas como un medio para hacerse del poder, vendiendo la idea que el progreso del país es directamente proporcional a la cantidad de cambios “radicales” que lo dirigentes ejecuten. Hemos comprobado que no es así. El principal cambio que el país necesita es un cambio educativo, integral, un replanteamiento de los paradigmas que nos separan del pensamiento racional profundo con el pensamiento superficial influenciado, de la crítica constructiva con la crítica destructiva, y mas aún, de la crítica a las acciones que como sociedad unida debemos ejecutar.

Estos paradigmas arraigados y la actitud individualista y egoísta del pueblo, han hecho que los pocos ciudadanos que sí tienen amor por la patria y un conjunto de ideas y valores morales que podrían iniciar un cambio, pequeño pero un cambio al fin, se conviertan en héroes.

Pero en nuestro país los héroes son los primeros en morir.

Un principio positivo cita: “el camino a la felicidad está repleto de pequeñas obras”. Este principio podría invitar a pensar en las buenas obras como una célula que debe multiplicarse hasta formar un órgano, en nuestro caso,  un héroe que lucha por los ideales del pueblo, practica valores morales y cívicos, y que causa réplica en sus obras de forma expansiva en la población hasta formar una masa positivista y con convicción y valores.

Pero no es así.

Nuestra sociedad no funciona de esa manera, aquí una buena obra es como una piedra en arenas movedizas, el éxito del prójimo es motivo de envidia, una lucha común es una oportunidad para posicionarse, una persona saliendo del conformismo es una amenaza para nuestra pasividad, una persona pensante es una amenaza para nuestro gusto por la ignorancia, alguien con una visión de sociedad es un enemigo para nuestro individualismo, y por tanto ese héroe tiene que morir.